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El 30 de julio de 1998 el papa Juan Pablo II hace público un documento de 104 páginas – “Dies Domini” (El Día del Señor) – exaltando la santidad del domingo, y exhortando a toda la cristiandad a venerar el día de reposo dominical y convertirlo en ley civil. ¿Pero es verdaderamente el domingo el día de reposo ordenado por Dios y enseñado por Cristo y la Biblia? Descubra la verdad acerca del cuarto mandamiento conforme está enseñada en las Escrituras y las páginas de la historia.

Todos los textos presentados a continuación en negrilla y entre “comillas” son tomados directamente de la Biblia.

 

¿Cuándo, Dónde y Por Quién
Fué Establecido el Día de Reposo?

“Fueron pues acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” – Génesis 3:1-3

El Día de Reposo fué establecido por Dios mismo en la creación. Todas las estructuras de tiempo tienen una base astronómica descubierta por el hombre: El año (365 días) es el tiempo que la tierra demora en dar una vuelta alrededor del sol; el mes es el tiempo que la luna tarda en dar una vuelta completa alrededor de la tierra; el día (24 horas) es el tiempo que la tierra demora en dar un giro completo sobre su propio eje. La semana – en cambio – es la única unidad de tiempo que encuentra su explicación exclusivamente en La Biblia. El ciclo semanal de siete días fué presentado al hombre por Dios mismo al final de los siete días que él se tomó en crear la tierra y todo su contenido. Allí fué también establecido el séptimo día como el día de descanso o reposo.
Dios bendijo al séptimo día, y lo santificó. La palabra “santificar” significa: ‘apartar para un uso sagrado o santo’. No es que Dios se cansó, sino más bien que el séptimo día lo apartó como un día especial para reflexionar y recordarnos cómo fuimos creados.
Más adelante en la historia de este mundo, cuando Dios proclamó su Santa Ley al hombre desde el monte Sinaí, en la forma de los Diez Mandamientos, nuevamente nos recordó la importancia del día de reposo. Esta vez, Dios puso la observancia del día de reposo con la solemnidad de uno de los Diez Mandamientos, el cuarto, que lee así:
“Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para el Señor tu Dios. No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
“Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto el Señor bendijo el día sábado y lo santificó.” – Exodo 20:8-11
Nuevamente Dios explica que el sábado fué instituído por él como recordatorio de su obra creadora. Cada semana debemos recordar quién es nuestro Creador y quién es nuestro Dios. El sábado es nuestra salvaguardia contra el engaño de la evolución que niega la existencia de Dios.
Dios instituyó la santificación del sábado con la misma seriedad y solemnidad con que mandó guardar todos los Diez Mandamientos cuando ordenó no jurar en vano, no mentir, no adulterar, no robar o no matar, entre otros.

 

¿Cuál es el Propósito del Día de Reposo?

Además de recordarnos la obra de la creación, el día de reposo debía también ser el día en que pudiéramos descansar de nuestras cargas y preocupaciones de la semana. El día de reposo nos asegura atender a una necesidad básica del ser humano de hacer un ‘alto’ para reponer sus fuerzas y refrescar su vida apartándose por 24 horas de sus actividades laborales cotidianas: “Seis dias trabajarás, y al séptimo dia reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero.” – Exodo 23:12
Así, Dios no sólo estableció el día de reposo como uno de los Diez Mandamientos, sino que además lo designó como una prueba de fidelidad, como una señal entre sí y sus hijos obedientes: “Y les dí también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el Señor que los santifico.” – Ezequiel 20:12 y 20; Exodo 31:13, 17.

 

¿Cuáles Son los Resultados
de Honrar el Día Santo de Dios?

Obedecer a Dios tiene su recompensa, y obedecer el cuarto Mandamiento referente al dia de reposo tiene promesas muy especiales de bendición:

“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el sábado para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.” – Isaías 56:2
“Porque así dijo el Señor: ‘A los eunucos que guarden mis sábados, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas, nombres perpetuo les daré, nombre que nunca perecerá.” – Isaías 56:4, 5
“Si retrajeres del día sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová, y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.” – Isaías 58:13, 14

 

¿Cuál Fué la Enseñanza
y Ejemplo de Jesús?

Cristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para darnos su ejemplo de obediencia, y mostrarnos de palabra y de hecho que la Ley de Dios debe obedecerse; el mismo dijo: “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen los cielos y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” – S. Mateo 5:17-19 Ni los cielos ni la tierra han pasado, de manera que obviamente tampoco los Diez Mandamientos pueden haber pasado tampoco, según Jesús.
Veamos su ejemplo: “Vino a Nazaret, donde se había criado, y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levanto a leer.” – S. Lucas 4:16
“Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba los sábados.” – S. Lucas 4:31
Jesús no sólo guardaba el sábado como el día de reposo e iba a la Casa de Dios a adorar en ése dia, sino que además dedicaba el sábado especialmente para hacer obras de bien y curar a los enfermos:
“Aconteció un sábado, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban. Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ‘¿Es lícito sanar en sábado?’ Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió.
Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente aunque sea sábado? Y no podían replicar a estas cosas.” – S. Lucas 14:1-6
Cristo guardó el sábado fielmente durante toda su vida. De hecho lo hizo aún en su muerte. Jesús murió un viernes, descansó el sábado en la tumba, y resucitó el domingo. Aún en la muerte Jesús descansó el día de reposo.

 

¿Cuál Fué la Enseñanza
y Ejemplo de los Discípulos de Jesús?

Hay quienes dicen que los discípulos de Jesús fueron quienes abolieron la observancia del sábado como día de descanso, e instituyeron el domingo en su lugar en celebración de que Jesús resucitó un domingo. Veamos si esto es cierto. Observemos que día observaban los discípulos tras la muerte de Cristo:
Muerto Jesús, “era día de la preparación, y estaba para comenzar el sábado. Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento. El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.” – S. Lucas 23:54-24:1
“Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén. Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un sábado y se sentaron.” – Hechos de los Apóstoles 13:13, 14
“Cuando ellos salieron de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente sábado les hablasen de estas cosas.” – Hechos de los Apóstoles 13:42
“El siguiente sábado se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.” – Hechos de los Apóstoles 13:44
“Y un sábado salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.” – Hechos de los Apóstoles 16:13
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fué a ellos, y por tres sábados discutió con ellos.” – Hechos de los Apóstoles 17:1, 2
“Y discutía en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos y a griegos.” – Hechos de los Apóstoles 18:4
El apóstol S. Juan, escritor del libro del Apocalíspsis dice: “Yo estaba en el espiritu en el día del Señor.” – Apocalípsis 1:10 Pero, ¿cuál es el día del Señor?; Cristo responde: “Así que el Hijo del Hombre (Cristo) es Señor aún del sábado.” – S. Marcos 2:28

 

¿Se Guardará el Sábado por la Eternidad?

Absolutamente:

“Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice el Señor, asi permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo el Señor.” – Isaias 66:22, 23

 

¿Quién Cambió el Día de Reposo?

La Biblia en ninguna parte señala otro día de reposo diferente al sábado ordenado por Dios. Tanto los profetas del Antiguo Testamento como Cristo mismo y sus apóstoles enseñaron la solemnidad del sábado como día de reposo por precepto y por su ejemplo.
Pues entonces, ¿quién cambió la solemnidad del sábado bíblico del cuarto Mandamiento al domingo que actualmente casi toda la cristiandad observa?

La respuesta está en las páginas de la historia. Luego de las conocidas persecuciones de cristianos de parte de los romanos durante los primeros siglos de la historia del cristianismo, surgió un emperador que comprendió que la fuerza, en lugar de apagar el cristianismo, lo estaba fortaleciendo y propagando cada vez más; astutamente decidió entonces unirse a él, y así poner un alto a las matanzas y consolidar su imperio. ¿Cómo lo logró? El mismo se conviertió al cristianismo. Sin embargo, Constantino no estaba dispuesto a claudicar a sus costumbres paganas, y fué así como el 7 de marzo del año 321 promulgó un edicto ordenando la santidad del “día del sol” (Sun-Day):
“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo.” – Codex Justinianus, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3). Vea también el Codigo de Justiniano, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3) en la edición en latín y castellano, por García del Corral, del ‘Cuerpo del Derecho Civil Romano’, tomo 4, pág. 333, Barcelona, 1892. El documento original en latín se halla además en J. L. v. Mosheim: Institutionen Historiæ Ecclesiasticæ Antiquoris, sig. 4, parte 2, cap. 4, sec. 5, y en muchas otras obras.
El Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, artículo: ‘Domingo’, dice: “El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observancia del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del sábado judaico.”
La enemistad generalizada en Europa y Asia contra el judaísmo facilitó que la cristiandad ya paganizada aceptara sin objeciones este cambio a fin de no ser confundidos con los judíos al guardar el mismo día de reposo.
Aunque no puede precisarse con exactitud su fecha (se calcula que se llevó a cabo entre el 343 y el 381) el Concilio de Laodicea fué otro fuerte empuje hacia el cambio en el día de reposo; el Canon 29 lee así: “Los cristianos no judaizarán y estarán ociosos el sábado, sino que trabajarán en ese día; pero honrarán especialmente el día del Señor, y, siendo cristianos, no trabajarán, en lo posible, en ese día. Si, de cualquier modo, se los hallare judaizando, serán excluídos (excomulgados) de Cristo.” – Carlos José Hefele, en A History of the Councils of the Church (Una Historia de los Concilios de la Iglesia), tomo 2, ed. Inglesa, 1896, pág. 316.

 

¿Reconocen las Autoridades Religiosas
que la Biblia no Ordena
la Santificación del Domingo?

Desde luego que sí!

“Plugo a la Iglesia de Dios, que la celebración religiosa del día sábado fuese transerida al ‘Día del Señor’.” – Catecismo Romano (para sacerdotes), ordenado por el Concilio de Trento y publicado por la Prensa del Vaticano, por órden del papa Pío V, en 1566.

“Podéis leer la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y no encontraréis una sola línea que autorice la santificación del domingo. Las Escrituras hablan de la observancia religiosa del sábado, día que jamás santificamos.” – Cardenal James Gibbons, en La Fe de Nuestros Padres, Ed. 1923, Copywright 1885, por D. Appleton & Company, pág. 98

“Si consultáramos la Biblia solamente, tendríamos que santificar todavía el día de reposo, es decir el sábado.” – Juan Laux, en Un Curso de Religión para Escuelas Católicas de Ensenanza Media, tomo 1, ed. 1936, pág. 51.

“Ella, (la Iglesia Católica Romana) anuló el cuarto mandamiento al quitar el sábado de la Palabra de Dios, e instituir el domingo como día de reposo.” – N. Summerbell en History of the Christian Church (Historia de la Iglesia Cristiana), año 1873, pág. 415.

“Si no tuviese tal autoridad (la Iglesia Católica Romana) no hubiera podido hacer aquello en que todos los autores modernos versados en religión están de acuerdo con ella; no hubiera podido sustituir la observancia del sábado, el séptimo día, por la observancia del domingo, el primer día de la semana, cambio para el cual no hay autoridad bíblica.” – Esteban Keenan, en A Doctrinal Cathechism (Un Catecismo Doctrinal), 3ª edición, pág. 174.

“La Iglesia Católica,…en virtud de su misión divina, cambió el día del sábado al domingo.” – The Catholic Mirror (El Espejo Católico), órgano oficial del Cardenal Gibbons, 23 de septiembre de 1893.

“Observamos el domingo en lugar del sábado porque la Iglesia Católica transfirió la solemnidad del sábado al domingo.” – Pedro Geiermann, The Convert’s Cathechism of Catholic Doctrine (Catecismo de Doctrina Católica del Converso), ed. 1946, pág. 50. Geiermann recibió la bendición apostólica del papa Pío X por sus trabajos, el 25 de enero de 1910.

“¿Y dónde en lo absoluto se nos dice en las Escrituras que debemos guardar el primer día? Se nos ordena guardar el séptimo; pero en ninguna parte se nos ordena guardar el primer día… La razon por la cual nosotros santificamos el primer día de la semana en lugar el séptimo es la misma razón por la cual observamos muchas otras cosas, no por prescripción de la Biblia sino de la iglesia.” – Isaac Williams, en Plain Sermons on the Cathechism (Sermones Sencillos sobre el Catecismo), tomo 1, págs. 334, 336.

“El domingo, como día semanal apartado para el culto público obligatorio del Dios Todopoderoso, para ser santificado por la suspensión de los trabajos serviles, los negocios y las diversiones mundanas, y para el ejercicio de la devoción, es puramente una creación de la Iglesia Católica.” – Alberto Smith, Canciller de la Arquediócesis de Baltimore, en respuesta al Cardenal en una carta del 10 de febrero de 1920. Véase también la cita de Monseñor Segur, pág. 453.

Hoy en día, cuando existen más de mil denominaciones cristianas, incluyendo el catolicismo, que guardan el domingo y apenas dos o tres que observan el sábado bíblico, es muy difícil sujetarse a la voluntad de Dios con fidelidad y obediencia a su palabra. De hecho, lo más difícil es siquiera saber que el domingo no es en verdad el día de reposo, sino el sábado. Esta verdad no la enseñan en los púlpitos de las iglesias ni en los catecismos o libros de religión en las escuelas. Es tal la oscuridad que existe referente a este asunto, que nadie se pregunta si estamos obedeciendo al Señor o no con referencia al día de reposo. Todos damos por sentado que sí, simplemente porque ni idea tenemos de que la Biblia enseña algo totalmente distinto.
De hecho, si acaso se enseña algo, es documentos como la encíclica papal que apartan a la gente más y más de la verdad referente al cuarto mandamiento, haciéndole creer al público desinformado que el domingo es un dia santo.
Pero una vez que nuestros ojos son abiertos a la realidad, las cosas son distintas. Antes podíamos disculparnos ante Dios diciendo que no sabíamos, pero una vez que sí sabemos que el sábado es el verdadero día de reposo del cuarto mandamiento, ya no tenemos excusa para no honrarlo como Dios nos pide.

 

¿Pero no Tiene el Hombre
Suficiente Autoridad como para
Cambiar los 10 Mandamientos o la Biblia?

¡Absolutamente no!

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene.” – Deuteronomio 4:2
“Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.” – Deuteronomio 12:32
“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si lguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” – Apocalipsis 22:18, 19

 

Pero si la Mayoría Guarda el Domingo…
¿No Debo También Hacerlo Yo?

“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” – S. Mateo 7:13, 14
“No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” – S. Mateo 7:21

 

¿Qué Espera Dios de Mí? ¿Qué Debo Hacer?

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” – Hechos de los Apóstoles 5:29
“El que es de Dios, las palabras de Dios oye.” – S. Juan 8:47
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hicieres.” – S. Juan 13:17
“Vino uno y le dijo: ‘Maestro bueno, ¿Qué bien haré para entrar en la vida?’ El le dijo: Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” – S. Mateo 19:16, 17
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” – S. Mateo 24:35
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” – S. Juan 14:15
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” – S. Juan 14:21
“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” – Eclesiastés 12:13, 14

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Las iglesias en general, tanto católicas en sus diferentes órdenes o cristianas en sus múltiples denominaciones, como aquellas de cualquier otro origen, siempre se han caracterizado por introducir una amplia variedad de símbolos y tradiciones en su liturgia. El propósito – por supuesto – es crear un servicio de culto que represente apropiadamente la solemnidad de un servicio de adoración en honor de la Divinidad. Esto sin duda es bueno, y merece todo nuestro respeto, siempre y cuando tales formalidades concuerden con lo que Dios mismo desea y espera de nosotros. Sin embargo, cuando estas tradiciones y costumbres humanas contradicen las ordenanzas explícitas de Dios, entonces tenemos un serio problema, y es nuestro deber resolverlo sin demora.
Dios acepta nuestras tradiciones, pero de ningún modo puede aprobar que por ellas deshonremos su Santa Ley. La Ley de Dios siempre debe estar en primer lugar, luego nuestras costumbres y tradiciones; no sea cosa que seamos hallados condenados por la palabras del Señor Jesucristo, cuando dijo:

Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. – S. Mateo 15:8, 9

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MAS ACERCA DEL SABADO