Los Pioneros Aventistas

Andrews

John Nevins Andrews

1829-1883

J.N. Andrews por lo general representa una cosa para los adventistas del séptimo día: el primer misionero adventista que viajó a Europa Occidental en 1874, para establecer la obra en Suiza. Pero no debemos olvidar que él también fue el autor del libro histórico History of the Sabbath (Historia del Sábado). Pocos de nosotros conocemos a J. N. Andrews como el tercer presidente de la Asociación General, del 14 de mayo de 1867 al 18 de mayo de 1869, precedido por John Byington y James White. El gigante literario y acucioso erudito, fue también una vez el editor de nuestra venerable revista de la iglesia, la Review and Herald. Aunque vivió solamente cincuenta y cuatro años, se distinguió como uno de los mejores escritores que jamás hayamos tenido. Estuvo estrechamente asociado con el pastor Jaime White y su esposa en el liderazgo pionero y la obra evangelizadora de la naciente iglesia. Andrews hizo labor sólida en su servicio pionero en Europa Occidental. En muchos aspectos, él estaba calificado para la obra de misión en el extranjero. En otros, lo hubiera hecho mejor en su propia tierra. Sin embargo, Dios lo usó para reunir a los grupos esparcidos de observadores del sábado en Inglaterra y en el Continente, y para organizar la obra con sede en Basilea, Suiza. Él murió al pie del arado, como un sacrificado misionero pionero.

Ver: Footprints of the Pioneers, pp. 91-98; Pioneer Stories Retold, pp. 101- 114.

Una Historia acerca de John. N. Andrews

De muchacho, J. N. Andrews deseaba ser congresista en Washington, D.C. Soñaba con su futuro, y juzgando por su floreciente vigor intelectual y sus habilidades literarias, podría haberlo logrado. Su tío Charles fue congresista y un hombre de importancia política en Maine, pero Dios tenía otros planes mayores para John.

En la primavera de 1844, un folleto llegó a las manos de una familia de apellido Stowell, en Paris, Maine. Este folleto era una reimpresión de un artículo que apareció en un periódico adventista de Portland conocido como The Hope of Israel (La Esperanza de Israel). El propósito de este folleto era convencer a la gente de que el séptimo día era el sábado cristiano y que debería ser guardado en lugar del domingo. Stowell tomó el folleto y lo puso a un lado, pero su hija Marian de quince años de edad lo recogió y lo leyó. Ella se convenció Y asimismo su hermano Oswaldo después de haberlo leído. Luego Marian compartió el folleto con John Andrews, entonces sólo de quince años de edad. Él lo leyó, se lo devolvió, y preguntó: “¿Han leído esto tu papá y tu mamá?”
“No”, dijo Marian, “pero yo sí, y encuentro que nosotros no observamos correctamente el sábado. ¿Qué piensas, John?”
“Yo pienso que el séptimo día es el sábado. Y si tú y yo pensamos eso, Marian, nosotros debemos observarlo”.
“Por supuesto. Mi hermano y yo hemos guardado el sábado pasado. Estaremos contentos de que te unas a nosotros. Pero tú lleva el folleto del pastor Preble a tu padre y madre para que lo lean”.
“De acuerdo”. El señor Andrews lo leyó, luego lo devolvió a los Stowells. Y ambas familias guardaron el siguiente sábado, reuniéndose para el servicio en una de sus habitaciones.

Bien, si no hubiera sido por la intervención de ese folleto, John Nevins Andrews nunca podría haber llegado a ser un gran autor, líder religioso y misionero.

Pronto después de aceptar la verdad propugnada por los adventistas observadores del sábado, el joven John tuvo una extraña experiencia. En Paris, donde él vivía, había un grupo de fanáticos que sembraban semillas de discordia entre los cristianos observadores del sábado. La presencia de estos fanáticos era tan conflictiva que no se realizaron reuniones durante año y medio. Pero después de un tiempo, se anunció una reunión y asistieron los líderes de la iglesia. En esta reunión los fanáticos fueron derrotados. El poder de Dios descendió de manera semejante a como lo hizo en el día del Pentecostés. Los padres se confesaban a sus hijos, los hijos a sus padres y unos a otros. J.N. Andrews, con profunda emoción, exclamó: “Intercambiaría mil errores por una verdad”.

En este servicio este joven llegó a un punto de decisión que echó la suerte para toda su vida futura. Se entregó a la obra de impartir el mensaje que había llegado a amar. Todo el resto de su vida vivió para impulsar los intereses del reino de Dios. ¡Qué ejemplo para nosotros!

 

 

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Joseph Bates

1792-1872

A la edad de 15 años se lanzó al mar como marino, lo cual hizo durante 21 años. Regresó a la vida civil en 1828 con una pequeña fortuna. Durante el despertar religioso de la iglesia, el retirado marino se convirtió en un líder espiritual de la iglesia Adventista. A principios de 1845, Bates fue guiado providencialmente al entendimiento de la verdad acerca del sábado de la Biblia, y en 1846 publicó un tratado de 48 páginas al respecto.

El respetado capitán fue el miembro de mayor edad entre los pioneros de la iglesia, convirtiéndose en 1861 en el primer presidente de una conferencia local (Michigam). Vivió hasta la edad de 80 años. Una de lasx razones de su longevidad fue su dieta sana. Bates organizó la primera sociedad de temperancia en los Estados Unidos. Bates era un hombre espiritual con el valor de un león; él nunca dudó en sacrificarse cuando fue becesario.
Agradezcamos a Dios por el venerable capitán y apóstol de la verdad del Sábado.

(Vol. 1, No. 3 of “Lest We Forget” features Joseph Bates.)

 

 

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William (Guillermo) Miller

1782-1849

Cuando era un niño pequeño, Guillermo Miller vivía en una granja en la parte oriental del Estado de Nueva York. A la muerte de sus padres esta granja llegó a ser suya. De muchacho fue un estudiante diligente, prestándose libros y leyéndolos siempre que tenía una oportunidad. De noche, después que sus padres se habían retirado, él se levantaba silenciosamente, tomaba un libro y se echaba delante de la estufa para estudiar. Una noche su padre lo encontró y lo amenazó con azotarlo si no descansaba y dejaba sus necios hábitos de estudio.

Miller tenía fuertes antecedentes religiosos, pero llegó a unirse a la “multitud” equivocada. Sus amigos eran deístas. Esta gente dejaba de lado la Biblia y tenía ideas vagas acerca de Dios y su personalidad. Pero Miller fue siempre un hombre de elevado carácter moral. Lo que no lograba encontrar en la religión buscaba encontrarlo en logros elevados y patrióticos. Sirvió a su país como un oficial en la guerra de 1812. Sirvió con distinción. Después, sirvió como juez de paz en la localidad donde vivía.

Cuando Miller tenía treinta y cuatro años de edad, se sentía insatisfecho con sus puntos de vista. El Espíritu Santo impresionó su corazón, y retornó al estudio de la Palabra de Dios. En este libro Jesús le fue revelado como su Salvador. Encontró en Cristo la respuesta a todas sus necesidades. Se propuso estudiar la Biblia cuidadosamente y determinar, si pudiera, la respuesta a los muchos problemas que lo tenían perplejo. Su estudio lo condujo a las grandes profecías que apuntaban al primer y segundo advenimiento de nuestro Señor. Las profecías de tiempo lo interesaron, particularmente las profecías de Daniel y Apocalipsis.

En el año 1818, como resultado de su estudio de las profecías de Daniel 8 y 9, llegó a la conclusión de que Cristo vendría en algún momento en el año 1843 ó 1844. Él vaciló hasta 1831 antes de empezar a anunciar sus descubrimientos. Para entonces, la suerte estaba echada. A partir de su primer servicio público, podríamos marcar los inicios del movimiento adventista en Norteamérica. En los meses y años que siguieron, aproximadamente 100,000 personas llegaron a creer en la inminencia de la segunda venida de Cristo.

Después del chasco de 1844, Miller vivió por varios años. Descansó en Cristo en 1849. Una pequeña iglesia se estableció cerca de su hogar en Low Hampton, construida por Miller antes de morir. A despecho de su comprensión equivocada del evento que había de ocurrir en 1844, Dios lo usó para despertar al mundo a la proximidad del fin y para preparar pecadores para el tiempo del juicio.

Él yace sepultado en el pequeño cementerio de Low Hampton, Nueva York, aguardando el llamado del Dador de la Vida.

Ver: The Great Controversy, pp. 317-330, también Midnight Cry, pp. 17-60; Footprints of the Pioneers pp.18-27 y Captains of the Host, pp. 15-26.
Una Historia acerca de Guillermo Miller

En 1818 Guillermo Miller llegó a la conclusión de que Cristo iba a retornar en 1843 ó 1844. Pero vaciló en hablar a las personas sobre esto, porque pensaba: “Yo sólo soy un granjero y ellos se reirán de mí”. Así que estudió el asunto quince años más. Luego, un sábado a inicios de agosto de 1831, prometió al Señor que si le abría el camino, él iría. Arthur Spalding cuenta la historia de cómo el Señor guió a su sobrino, Irving, a la casa de Miller con la invitación que él había puesto como condición.

“¿Qué quiere decir con abrir el camino?”
“Porque si alguien viniera sin que yo tome la iniciativa y me pidiera ir a anunciar el mensaje, yo diría que el camino estaba abierto”.
“Y luego, Irving [estaba] frente a la puerta, tocando y dando el mensaje de su padre [para ir y realizar un servicio de culto en la ausencia del predicador local]. ‘ Venga y enseñe a nuestra gente que el Señor viene…’”
“Guillermo Miller, fue sacudido por este repentino llamado. No respondió palabra alguna al muchacho, pero dándose vuelta, salió por la puerta trasera y descendió por la pequeña colina del lado oeste y luego subió nuevamente a un huerto de arces, donde él iba a menudo a orar. Pero a lo largo de todo el camino, una voz resonaba en sus oídos: ‘Ve y dilo, ve y dilo, ve y dilo al mundo”. En su huerto de arces (con algunos de los antiguos y patriarcales arces aún en pie, además de algunos arces más jóvenes) cayó sobre sus rodillas y clamó: ‘¡Señor, yo no puedo ir! ¡Yo no puedo! Soy sólo un granjero, no un predicador; ¿cómo puedo llevar un mensaje como Noé?’ Pero todo lo que podía oír era: ‘¿Quebrarás una promesa tan pronto, luego de haberla hecho? ¡Ve y dilo al mundo!’”
“Al final se rindió, clamando: ‘Señor, no sé cómo hacerlo, pero si tú vas conmigo, yo iré’”.
“De inmediato se levantó la carga que pesaba sobre él. Se llenó de ánimo, saltando se puso de pie — esto dicho de un antiguo granjero de edad madura — y saltaba arriba y abajo, aplaudiendo con sus manos y gritando: ‘¡Gloria! ¡Aleluya!’”.
“Lucy, su hija más pequeña, su más constante compañía, lo había seguido, mientras él se apresuraba camino abajo, y ahora, de pie a un lado, ella observó su oración y su triunfo. Sorprendida de tal explosión emocional como nunca la había visto en su padre, corrió de vuelta a la casa exclamando: ‘¡Madre, Madre, ven rápido! ¡Papá está abajo en el huerto y se ha vuelto loco!’ Esto fue lo que el mundo dijo de él después, pero Lucy llegó a reconsiderar su juicio y a seguir sus enseñanzas al final de sus días.” Footprints of the Pioneers, pp. 20-22.

Bien, esa es la historia del llamado de Miller para predicar la segunda venida de nuestro Señor. ¡Cuán poderoso predicador era él también! Directo, vigoroso. Miles fueron convertidos a través de su ministerio. Si nosotros esperamos que el Señor nos ayude a alistarnos para su venida y para ayudar a otros a estar listos, debemos ser acuciosos estudiantes de la Biblia y tan fieles en nuestra obra como lo fue Miller, allí por los años 1830´s y 1840´s.

 

 

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Ellen G. White

1827-1915

ELENA GOULD HARMON nació en Gorham, Maine, el 26 de noviembre de 1827 en la familia de Roberto y Eunice Harmon. Ella, junto con su hermana melliza Elizabeth, eran las menores de un grupo de ocho hermanos.
Cuando Elena comenzaba su adolescencia, ella y su familia, aceptaron las interpretaciones bíblicas de un granjero que se volvió predicador Bautista, Guillermo Miller. Junto con Miller y otros 50.000 adventistas sufrió un amargo chasco cuando Cristo no regreso el 22 de octubre de 1844, la fecha que indica el fin de la profecía de los 2.300 días de Daniel 8.

En diciembre de 1844, Dios le da a Elena su primera de unas casi 2000 visiones y sueños. En agosto, 1846, se casó con Jaime White, un ministro adventista de 25 años que compartió la convicción que ella tenía de que Dios la había llamado para que haga la obra de una profetisa. Poco después de que se casaron, Jaime y Elena comenzaron a guardar el sábado como séptimo día, conforme al cuarto mandamiento. Madre de cuatro varones, Elena experimentó el dolor de perder por medio de la muerte a dos de sus hijos. Herbert murió a las pocas semanas de nacer, y Henry murió a los 16 años. Sus otros dos hijos, Edson y William, llegaron a ser ministros adventistas.

Elena de White fue una escritora prolífera. Comenzando con 1851, cuando publicó su primer libro, se extiende en un caudal de artículos, libros y folletos. Entre ellos, algunos son puramente devocionales, mientras que otros son selecciones de muchas de sus cartas personales con consejos, escritas en el transcurso de los años. Otros son históricos y delínean la continua batalla entre Cristo y Satán por el control de los individuos y las naciones. También publicó libros sobre educación, salud, y otros temas de especial importancia para la iglesia. Después de su muerte se han publicado cerca de 50 compilaciones, en su mayoría de materiales que no se habían publicado con anterioridad. Es autora de varios miles de artículos que fueron publicados, con el correr de los años, en las revistas Review and Herald, Signs of the Times, y otros periódicos Adventistas del Séptimo Día.

No obstante su timidez y renuencia, Elena de White se convirtió eventualmente en un oradora pública muy popular, no sólo en los Estados Unidos, sino también en Europa y Australia. Se demandaba su presencia no sólo en reuniones adventistas sino también ante audiencias no adventistas, donde se apreciaban mucho sus temas sobre temperancia. Durante 1876 ella habló a una audiencia estimada en 20.000 personas, su mayor audiencia, en Groveland, Massachusetts, por más de una hora sin la ayuda de un micrófono. En su visión del 6 de junio de 1863, Elena de White recibió instrucción sobre cuestiones relacionadas con la salud, como el uso de drogas, tabaco, café, té, comidas con carne, y sobre la importancia del ejercicio, la luz del sol, el aire fresco, y el auto-control en la dieta. Sus consejos de salud, basados en ésta y otras visiones posteriores, han provisto a los Adventistas de un estilo de vida que da como resultado el que vivan unos siete años más que la persona promedio en Estados Unidos.

Elena de White leía mucho. Se dio cuenta que la lectura de otros autores le ayudaba en su propia redacción mientras presentaba las verdades que se le revelaban en visión. También el Espíritu Santo le impresionaba para que a veces incluyera en sus propios artículos y libros gemas literarias de las obras de otros. No pretendió ser infalible ni que sus escritos fueran tratados en igual forma que las Escrituras, aunque creyó firmemente que sus visiones eran de origen divino, y que sus artículos y libros eran producidos bajo la conducción del Espíritu de Dios. Básicamente una evangelista, su preocupación principal en la vida era la salvación de almas.

Elena de White fue una persona generosa, y dio un buen ejemplo de cristianismo práctico. Por años guardaba retazos de tela a mano pues si veía a una mujer que necesitaba un vestido, podía proveer asistencia. En Battle Creek asistía a remates, compraba muebles usados, y los guardaba; entonces si la casa de alguien se incendiaba o cualquier otra calamidad afectaba a una familia, estaba preparada para ayudar. Antes que la iglesia implementara un plan de jubilación, si sabía de algún ministro anciano que estaba con problemas financieros, le enviaba un poco de dinero para ayudarlo a enfrentar sus necesidades más urgentes.

Elena de White murió el 16 de julio de 1915. Por 70 años presentó fielmente los mensajes que Dios le dio para su pueblo. Nunca fue elegida para ocupar un cargo en la iglesia, aunque los líderes de la iglesia siempre buscaban su consejo. Asistió a la escuela sólo hasta los 9 años, pero sus mensajes pusieron en marcha las fuerzas que dieron a luz el sistema educativo mundial de la Iglesia Adventista, desde guarderías hasta universidades. Aunque no tenía ningún entrenamiento médico, el fruto de su ministerio puede verse en la red de hospitales, clínicas y dispensarios adventistas que se encuentran alrededor del mundo. Y aunque no fue formalmente ordenada como ministro del evangelio, provocó un impacto espiritual casi sin paralelo en las vidas de millones, desde un extremo de la tierra hasta el otro.

Los libros de Elena de White continúan hasta el presente ayudando a las personas a encontrar a su Salvador, a aceptar el perdón de sus pecados, a compartir esta bendición con otros, y a vivir en la esperanza de la promesa de su pronto regreso.

Una Historia acerca de Elena G. de White

La joven Elena Harmon (posteriormente Elena G. de White) tuvo su primera visión profética al mes siguiente de haber cumplido sus diecisiete años y solamente dos meses después del chasco de octubre de 1844. Debió haber sido una ocasión conmovedora. Estaba arrodillada en oración con otras cuatro amigas en la casa de su querida amiga, la señora Hains, en el sur de Portland, Maine. Estas cinco consagradas mujeres oraron con la esperanza de que su Padre celestial les revelara la razón por la cual Jesús no había venido como lo habían esperado en octubre 22. Mientras oraban por entendimiento y dirección, la joven Elena sintió el poder de Dios sobre ella como nunca lo había sentido antes. Arthur W. Spalding dijo: “En un momento perdió de vista a los que la rodeaban, vio la visión de Dios”.

“Vio una senda angosta y derecha que se perdía arriba sobre el mundo, sobre la cual el pueblo de Dios viajaba a la Ciudad Eterna del Más Allá. Detrás de ellos sobre la senda brilló una luz resplandeciente, en la cual un ángel le dijo que era el ‘llanto de medianoche de 1844′. El 22 de octubre de 1844 fue llamado el Día del Chasco, pero en realidad fue el Día de Su Encuentro. Aquellos viajeros sobre el sendero que mantuvieron sus ojos en Jesús y caminaron en la luz que fue vertida sobre su senda fueron con seguridad, pero los que desarrollaron desánimo y cobardía perdieron el paso y cayeron. Pronto escucharon la voz de Dios anunciando la Segunda Venida de Jesús, y entonces vieron una pequeña nube negra aumentando en tamaño y brillantez, hasta que el arco iris del cielo reveló la venida del Hijo del Hombre en Su gloria”. Footprints of the Pioneers, págs. 65, 66.

Cuando Elena salió de esta primera visión, sus amigos se sintieron aliviados pues habían pensado que estaba muerta. No había aliento en sus pulmones, sus ojos estaban abiertos pero no podía ver nada. Unicamente con los ojos de su mente podía ver las escenas de la visión. Dijo: “Nunca pensé que vendría al mundo otra vez. Cuando mi aliento vino a mi cuerpo, no podía oír nada. Todo estaba oscuro. La luz y la gloria sobre la que mis ojos han descansado, ha ocultado la luz. Así fue por muchas horas. Entonces gradualmente empecé a reconocer la luz y pregunté dónde estaba.

“‘Estás aquí en mi casa’, dijo la dueña de la casa. ¿Qué? ¿Aquí? ¿No sabes acerca de esto? entonces todo volvió a mí. ¿Es este mi hogar? ¿He venido aquí otra vez? ¡Oh!, el peso y la carga que vinieron a mi alma” MS 16, 1894; Messenger to the Remanent, pág. 6.

Lloré cuando me encontré aquí, y me sentí nostálgica. Había visto un mundo mejor, y él había dañado éste para mí., –Life Sketches, págs. 67, 68.

 

 

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James Springer White

1821-1881

Los Adventistas del Séptimo Día nunca han conocido a un ejecutivo y dirigente misionero más talentoso y capaz que James White. Fue también un poderoso evangelista público. No solo participó con William Miller y José Bates y tantos otros predicadores en la proclamación del advenimiento de nuestro Señor cerca de 1840, sino que sobrevivió al movimiento millerita para llegar a ser el primer gran apóstol de la causa Adventista del Séptimo Día.

La palabra “el primero” se aplica a James White como a ningún otro ministro en la iglesia. Fue el publicador del primer periódico editado por los Adventistas del Séptimo Día, La Verdad Presente, (1849). Fue el primer editor de la Review and Herald (1850), del Youth’s Instructor (1852), y también del Signs of the Times (1874). Podría haber sido el primer presidente de la Asociación General, pero rechazó el honor ofrecido por la mayoría de sus hermanos porque había sido jefe defensor de la Organización de la Iglesia. No quería que la gente pensara que estaba elaborando un puesto para sí mismo. Sin embargo, fue presidente de la Asociación General entre 1865-1867, 1868-1871 y 1874-1880.

La contribución de Jaime White a la iglesia fue tanto en el campo de publicaciones como en el de liderazgo y administración de la iglesia. Si hubo un fundador de la Review and Herald Publishing Association fueron él y su esposa, Elena G. de White. Lo mismo podría decirse de la Pacific Press Publishing Association. James White fue el patrocinador y promotor de estas dos grandes instituciones.

Murió el 6 de agosto de l881, cuando tenía solamente sesenta años. Literalmente se mató a sí mismo trabajando. Se elevó a tal estatura que fue difícil persuadir a otros hombres a encargarse del trabajo, pues ellos pensaban que él estaba calificado para hacerlo mucho mejor. Su esposa le aconsejó que compartiera sus responsabilidades. Trató de hacer esto, pero James White era una figura grandiosa, un excelente financista y administrador, escritor, evangelista y ejecutivo. Los hermanos se apoyaron tanto en él que la imponente figura cayó. Sus sesenta años de vida fueron gastados generosa y sacrificadamente. Ningún otro ministro adventista del séptimo día hizo más que él para construir altos principios y eficiencia dentro de la vida de nuestras iglesias e instituciones.

Ver: Captains of the Host, págs. 45-59, Footprints of the Pioners, págs. 117-122, Pioneer Stories Retsed, págs. 59-76.

Una Historia sobre James White

James White nació en Palmyra, Maine, el 4 de agosto de 1821. Era descendiente de uno de los peregrinos que vinieron en el “Mayflower” en 1620. El hecho de que creció en una granja montañosa en Maine y vivió en un hogar humilde únicamente añade interés a la historia de su vida.

En su juventud fue un maestro de escuela. Llegó a ser un ministro de la denominación cristiana de Maine. Aceptó los puntos de vista de Miller sobre la segunda venida y tuvo éxito en la predicación de la doctrina de la pronta venida del Salvador.

En enero de 1843, a mediados de un frío invierno de Maine, fue a más de 100 millas de distancia a lomo de caballo, escasamente cubierto y sin dinero, para trabajar entre extranjeros. En una ocasión un grupo, instigados por no creyentes, se juntaron alrededor de la casa de reuniones y quitaron las ventanas. Cuando el joven ministro empezó a orar, una bola de nieve silbó a través de la ventana y salpicó el techo. Este fue el comienzo de un fusilamiento de bolas de nieve que se estrellaban en el techo y lo mojaban a él y a la Biblia. Cerrando su Biblia, empezó a mostrar los terribles sucesos del día de Dios. Fue inspirado para dar esta clase de sermón como nunca había sido capaz de hacerlo antes. Rápidamente, bajo el curso de su elocuencia, el alborotador de la gente se calmó. Al hablar, sacó un clavo de su bolsa, el cual le había sido arrojado y le había pegado en la frente la noche anterior. Sosteniendo el clavo dijo: “Algún pobre pecador me lanzó este clavo anoche. Dios se apiade de él. El peor deseo que tengo para él es que en este momento esté tan feliz como lo estoy yo. ¿Por qué debía resentirme por este insulto cuando a mi Maestro se los pusieron a través de sus manos?

En ese momento levantó sus brazos y colocó sus manos sobre la pared detrás de él, en la posición de Cristo en la cruz. Con lágrimas corriendo por sus mejillas, el joven ministro llamó a los pecadores al arrepentimiento. El efecto fue poderoso. Más de cien estaban llorando y muchos de ellos se levantaron para orar”.

“Terminando la reunión, el joven trató de salir a través de la multitud. Alguien lo tomó del brazo, lo guió y ayudó a través del gentío. El no conocía a esta persona, sin embargo, le parecía singularmente familiar. Cuando el Sr. White pasó a través de la multitud, perdió a su compañero y nunca supo sobre la identidad de ese protector enviado del cielo. Sus pláticas continuaron en ese lugar por tres o cuatro noches sin la menor oposición, y esto dio como resultado un reavivamiento general”. Pioneer Stories Retold, págs. 64-65.

 

 

Bliss

Sylvester Bliss

1814-1863

Sylvester Bliss fue el más hábil de los editores Milleristas. Fue primer asistente del director, y posteriormente editor del prestigioso periódico Signs of the Times. Era un congregacionalista de Hartford, Connecticut, con una educación muy liberal, y miembro de la Sociedad Histórica de Boston. Fue también editor del Advent Shield y más tarde editó las Memorias de Miller (1853).

Entre sus trabajos se destaca el Comentario sobre el Apocalípsis (Commentary on the Revelation), El Tiempo del Fin (The Time of the End), y el Análisis de la Cronología Sagrada (Analysis of Sacred Chronology). Fue hasta su muerte el editor de Advent Herald (un nombre posterior de Sign of the Times), el cual permaneció como el órgano del grupo de los ex-Milleristas que no aceptaron la doctrina de la inmortalidad condicional.

(Fuente: SDA Encyclopedia)

 

 

Bourdeau

Daniel T. Bourdeau

1835-1905

Daniel T. Bourdeau fue un evangelista y misionero, hermano de A. C. Bourdeau. A los 11 años de edad se hizo miembro de la iglesia Bautista y a los 16, con su hermano, atendió una institución Bautista de idioma Francés en Grand Ligne, en Baja Canadá. En 1861 se casó con Marion E. Saxby. Ordenado para el ministerio en la iglesia Adventista en 1858, junto con su hermano pasó muchos años en el ministerio en New England y en Canadá. Hasta donde se sabe, él y su hermano fueron los dos primeros descendientes de Francia en aceptar la fe Adventista. En 1868, J. N. Loughborough, respondió al llamado de un grupo Adventista en California, liderado por M. G. Kellogg, para abrir el trabajo Adventista en ese estado.

Cuando regresó al Este en 1870, retomó su trabajo entre aquellos que hablaban Francés organizando iglesias en Wisconsin e Illinois (1873). En 1876 viajó a Europa donde pasó un año de trabajo evangelístico en Suiza, Francia e Italia, y donde se asoció con J. N. Andrews en la obra editorial. Nuevamente, en 1882, con su hermano, retomó la obra misionera en Europa, en Francia, Suiza, Corsega, Italia y Alsace-Lorraine.

En conjunto, pasó nueve años en el extranjero. Regresando a América, en 1888, continuó su obra como ministro y escritor, tanto en Francés como en Inglés.

(Fuente: SDA Encyclopedia)

 

 

Byington

John Byington

1798-1887
John Byington nació en Vermont, hijo de un predicador Metodista que sirvió en el ejército Revolucionario. John fue bautizado en la iglesia Metodista a la edad de 17 años. Al poco tiempo le fue dada una licencia para predicar como Predicador Laico. Tras mudarse al estado de New York, ayudó a construir una casa de adoración para la iglesia Metodista en 1837, en Buck’s Bridge.

Se involucró fuertemente en el movimiento anto-esclavos, que eventualmente condujo a un sismo dentro de la iglesia Metodista. Entonces John se hizo miembro de la nueva iglesia Metodista de Wesleyan y ayudó a construir su edificio, en Morley.

En 1844 escuchó sermones acerca de la segunda venida de Cristo, y comenzó a estudiar las profecías. En 1852 H. W. Lawrence le dio una copia del Review and Herald con artículos acerca del séptimo día, el sábado. Aceptó esta verdad antes de terminar el año, y fue bautizado. John ayudó a edificar la primera iglesia Adventista que guardaba el sábado, construída expresamente para ese propósito.

James y Ellen White invitaron a los Byington a mudarse a Battle Creek en 1858. John compró una granja cerca, y de allí viajaba a diferentes lugares a ministrar a los adventistas. En 1863, a la edad de 65, aceptó ser el primer presidente de la recientemente organizada Iglesia Adventista del Séptimo Día. Trabajó como un genuino pastor durante su término en este cargo. Posteriormente regresó a su granja, pero continuó trabajando en su visitación a los creyentes en Michigan por los siguientes 22 años. “Debo alimentar a los corderos del rebaño”, escribió.

(Vol. 1, No. 3 of “Lest We Forget” features John Byington).

 

 

Cornell

Merritt E. Cornell

1827-1893

Nacido en el estado de New York, y criado en Michigan desde los 10 años, Merritt Cornell, creyendo temprano en el mensaje del advenimiento, dedicó su vida a la predicación de este mensaje. En 1852 le mostraron y creyó la verdad de sábado, e inmediatamente comenzó a compartirla con otros, tales como J. P. Kellogg y Henry Lyon. Ambos aceptaron las pruebas de la Biblia para la santidad de séptimo día.

Con J. N. Loughborough, durante 1854 en Battle Creek, sostuvo las primeras reuniones en tiendas acerca del sábado bíblico. Siguió siendo activo en el evangelismo, trabajando en varias ocasiones con Hiram Case, James White, J. H. Áuriga, R. J. Lorenzo, D. M. Canright, y J. O. Corliss. Su esposa, Angeline, le ayudó en el evangelismo. Viajó de Maine a California y a varios estados del Sur, defendiendo el séptimo día en debates públicos, sosteniendo reuniones evangelísticas y escribiendo artículos y noticias sobre sus experiencias para la Review & Herald. Como el apóstol Pedro, él era testarudo y tenía otros serios defectos de carácter, con los cuales el Señor trabajó enviándole mensajes a través de Ellen White.

Durante aproximadamente 13 años, a partir de 1876 hasta 1889, no fue unido con el trabajo organizado. En 1886 Ellen White escribió que él era ” un hombre que se arrepiente profundamente, humillado en el polvo.” Durante los tres últimos años de su vida estuvo nuevamente en el ministerio.

 

 

Crosier

Owen Russell Loomis Crosier

1820-1913

Owen Russell Loomis Crosier 1820-1913 era un predicador Millerista y el redactor, de Canandiagua, New York. Él colaboró con Hiram Edson y Doctor la F. B. Hahn en industria editorial de un pequeño periódico Millerista, el Alba de día. Él estaba con Edson durante la mañana después de la gran decepción el 22 de octubre de 1844. Edson recibió una inspiración de Dios que explicó que el error de Milleristas no estaba en la fecha, pero si en el evento; aquel Jesús había comenzado Su trabajo como el Sumo sacerdote en el lugar más santo en el Cielo. Junto con , Edson, y Hahn se unieron juntos para estudiar el asunto, y fue seleccionado para escribir sus conclusiones sobre el tema del santuario y su limpieza.

Joseph Bates y James White estaban entre aquellos Milleristas quienes fueron convencidos por el artículo. Cuando Ellen White leyó la segunda impresión del artículo publicado en la Estrella de Día Extra (Day Star), del 7 de febrero de 1846, inmediatamente lo recomendó a los hermanos como ” la luz verdadera. ”

Al principio aceptó la nueva luz y guardó el sábado. Pero tarde o temprano, él abandonó el descanso del sábado, y también su temprana opinion del santuario.

Incluso, aunque él no hiciera ninguna contribución en el desarrollo de nuestras tempranas opiniones del santuario, esta doctrina es única hasta ahora en la iglesia Adventista del Séptimo día. El plan de salvación está perfectamente tipificado, y maravillosamente explicado, por los servicios realizados en el tabernáculo que Moisés construyó.

 

 

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Hiram Edson

1802-1882

Hiram Edson fue el instrumento que Dios usó para revelar a los primeros adventistas guardadores del sábado el significado de la purificación del santuario. Con Bates y White, él fue uno de los estudiosos de pensamiento profundo que contribuyó al desarrollo doctrinal de los adventistas del séptimo día. Fue un sacrificado siervo de Dios y ardiente evangelizador, fiel durante su larga vida en su devoción a Cristo.

En 1840, él vivía en una granja cerca de Port Gibson, New York, un pueblo pequeño cerca del Canal Erie casi a medio camino entre Albany y Buffalo. Un pequeño grupo de creyentes, en su mayoría granjeros, vivían en esta área, y veían a Edson como su líder. Su granja estaba cerca de kilómetro y medio al sur del pueblo. En ese lugar los adventistas se reunieron el 22 de octubre de 1844, para esperar la venida del Rey. Pero Cristo no vino como ellos lo esperaban.

Al día siguiente, en respuesta a sus oraciones pidiendo luz, Dios le mostró a Edson — en una visión — una escena maravillosa: Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, ingresando al lugar Santísimo del Santuario Celestial para empezar su obra de juicio antes de su pronto retorno. Edson compartió esta luz con sus amigos Owen Crosier y Dr. F. B. Hahn, de Canandaigua. Ellos determinaron estudiar el santuario y su purificación desde el punto de vista bíblico. El resultado de su investigación apareció en su pequeño semanario adventista publicado en Canandaigua, el Day Dawn; luego más tarde también en el Day Star, de Cincinnati. A partir de este momento, llegó luz a los desanimados adventistas, y comenzó a aclarárseles el porqué de su dolor y chasco.

Fue Edson quien aportó recursos para la compra de la primera impresora adventista del séptimo día. Fue en la casa de Edson en Port Gibson que se llevó a cabo la primera Conferencia Sabática de 1848. Edson vendió su granja, volvió a la predicación, y llegó a ser un exitoso evangelizador. En la fase posterior de su vida laboró cerca de Roosevelt, New York. Durante años fue líder de nuestra obra allí. Fue enterrado en el cementerio de Roosevelt.
Ver: Footprints of the Pioneers, pp. 73-82; Captains of the Host, pp.91-105; Pioneer Stories Retold, pp. 25-31.

Una Historia acerca de Hiram Edson

¡Esta es una historia sobre el amanecer de nueva luz!

Temprano en la mañana después del gran chasco del 22 de octubre, Edson dijo a unos pocos amigos que quedaron en su casa: “Vamos al granero y oremos.”
Ellos entraron al granero, juntaron la puerta y oraron audiblemente esperando que sus mentes fueran iluminadas. La respuesta vino, ciertamente. No mientras ellos estaban en el granero, aunque tuvieron el testimonio del Espíritu de que sus oraciones eran oídas, pero menos de una hora más tarde, cuando Edson y sus amigos estaban atravesando el campo de maíz para visitar a un vecino. Arthur Spalding relata lo que sucedió:

“A medio camino del campo Hiram Edson fue detenido como por una mano sobre su hombro. Levantó su rostro hacia el cielo gris, y pareció abrirse una ventana al tercer cielo… Vio a Cristo como gran Sumo Sacerdote pasando del Lugar Santo del santuario al Lugar Santísimo. ‘Y yo ví’, escribe Edson, ‘que en vez de que nuestro Sumo Sacerdote saliera del Lugar Santísimo del santuario celestial para venir a esta tierra el décimo día del séptimo mes, al fin de los 2300 ingresó por primera vez en ese día al segundo compartimento del santuario; y que tenía una labor que desarrollar en el Lugar Santísimo antes de venir a esta tierra’”.

“Su compañero… había llegado al otro lado del campo. En la cerca se dio vuelta… y lo llamó: ‘Hermano Edson, ¿por qué se detiene?’ Edson replicó: ‘El Señor estaba respondiendo a nuestra oración de la mañana.’ Entonces, acercándose a su amigo, le relató la visión. Continuaron su camino, discutiendo el asunto, recordando lo poco que habían estudiado del santuario, y dando forma a la evidencia bíblica de la revelación.” –Captains of the Host, p.94

Los adventistas podían ahora comprender que Jesús no podría venir hasta que su obra como Sacerdote fuera terminada en el cielo. Cuando esta importante verdad fue compartida, las buenas nuevas se esparcieron y el chasco fue visto por primera vez en su verdadera luz.

El año siguiente los adventistas de Port Gibson recibieron preciosa luz adicional. José Bates — el apóstol del Sábado– viajó allí con su mensaje del Sábado.

“Edson ahora recibió el mensaje de Bates con júbilo, y guardó el siguiente sábado. El Dr. Hahn se le unió en esto. Pero Crosier dijo: ‘Es mejor ir lento, hermanos, es mejor ir lento. No se paren sobre un tablón sin antes saber si éste los sostendrá’”.

“‘Yo ya probé el tablón,’ replicó Edson, ‘y sé que me sostendrá.’”–Ibid, 104.

“Parecería,” escribe Arthur Spalding, “que el grupo de Port Gibson fue el primer grupo adventista que dio el paso sobre los dos primeros tablones de la plataforma de la fe adventista del séptimo día que estaba siendo desarrollada: el santuario y el sábado.”

 

 

CharlesFitch

Charles Fitch

1805-1844

Carlos Fitch (1805-1844) Después del estudiar en la Universidad Marrón en Rhode Island, Carlos Fitch comenzó su ministerio en la Iglesia De la congregación en Abington, Connecticut. En marzo de 1838 Fitch escribió a Guillermo Miller que declara que él había leído las Conferencias del Molinero y no dudó de la corrección de sus opiniones. Durante aproximadamente tres años y medio, él se contuvo de predicar el mensaje Millerista. Tarde o temprano, porque él predicó la doctrina “de santidad” y como se exhortó, a no hacer así, Fitch sintió necesario el separarse de la iglesia establecida. Esta separación hizo que él fuera menos bajo la inflluencia del miedo de hombre en cuanto al entendimiento del mensaje del advenimiento.

Josiah Litch visitó a Fitch y le dijo que él necesitó la doctrina del segundo advenimiento para añadir a su doctrina de santidad. Litch lo dejó más literatura para estudiar y le solicito él resultado de su estudio. Este estudio condujo a su aceptación de la doctrina de advenimiento.

A partir de entonces, Fitch viajó incansablemente, lanzándose sin reservas en la proclamación de la necesidad de preparación para el Segundo advenimiento de Cristo. Él movió su familia a Cleveland, Ohio y sostuvo reuniones y bautismos por todas partes de Ohio.

En 1842, sintiendo la necesidad de una carta exacta, que ilustra el cumplimiento de las profecías de tiempo último de Daniel. Esto fue usado extensivamente por los Milleristas. Fitch él mismo usó esta carta y también otros artículos visuales incluyendo una réplica de Daniel 2 estatua que podría ser separada en sus varias partes. Carlos Fitch se enfermó, probablemente con la pulmonía, en el mes de octubre de 1844. Se había enfriado mientras bautizaba. Murió el lunes 14 de octubre, en la fe llena en la semejanza de su Redentor.

 

 

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Stephen N. Haskell

1833-1922

Conocido como El Padre de la Obra Misionera, Stephen N. Haskell fue un converso de Joseph Bates y de un predicador adventista de nombre William Saxby. Su oficio era fabricante y vendedor de jabón. Con el tiempo cambió su línea de trabajo por el de hacer giras como predicador misionero.

Cuando comenzó a predicar alrededor de 1853 no tenía ningún apoyo financiero, excepto lo que podía ganar en su negocio. Habían muy pocos predicadores entre los Adventistas guardadores del sábado, así que Haskell con sus ideas originales empezó a entrenar a miembros laicos para testificar. En 1869 comenzó con tratados y Obra Misionera. Fue el primero en organizar la Sociedad de Tratados. En 1882 fundó una Academía en South Lancaster, la que llegaría a ser el Colegio de la Unión del Atlántico. Esta fue la tercera escuela Adventista del Séptimo Día, sólo precedida por el Colegio de Battle Creek y el de Healdsburg.

Haskell era un buen organizador y administrador. Por años sirvió como presidente de Asociación; en efecto, en un mismo tiempo sirvió como presidente de las Asociaciones de Nueva Inglaterra y California simultáneamente.
En 1885 Esteban Haskell llegó a ser un misionero en el extranjero abriendo la obra en Australia y Nueva Zelandia. Su influencia fue especialmente poderosa en la obra de Publicaciones en Australia.

Como pastor de la Asociación General, hizo el primer viaje alrededor del mundo emprendido por un oficial Adventista. Eso fue en 1888 y 1889. Fue un cuidadoso estudiante de la Biblia y un maestro excelente. A él le corresponde el crédito por la idea de los estudios bíblicos, tan populares entre los laicos y ministros Adventistas del Séptimo Día. Murió en 1922, su cabeza coronada con la gloria de muchos años y su vida adornada con muchas benevolencias.

Una Historia acerca de S. N. Haskell

W. C. White cuenta la siguiente historia acerca de la experiencia de Esteban Haskell en introducir la idea de los estudios bíblicos entre los Adventistas del Séptimo Día: “Durante el Congreso en el otoño de 1879 y primavera de 1880, al cual asistí con mi madre, Elena White, ella habló a a nuestros ministros acerca de la obra de los Congresos y dijo que debiera haber menos predicación y más enseñanza. Pasó algún tiempo antes de que esto hiciera una verdadera impresión en la mente del pastor Haskell, pero en la primavera de 1880, en el Congreso de Hanford, mi madre repitió este asunto en forma tan enfática que el pastor Haskell fue completamente animado. Después de pensar sobre el asunto, una mañana me invitó a ir con él a un sembrado cercano para una sesión de oración. Dijo que no podía entender exactamente lo que la Hna. White quería decir y hablamos y oramos sobre el particular.

Finalmente dijo que probaría y vería qué podía hacer. En una reunión de la mañana, en la carpa grande, comenzó a hacer preguntas sobre características importantes de nuestra fe, pidiendo a los hermanos que buscaran el texto que él citaba y lo leyeran.

“Después de proseguir la reunión por una media hora, comenzó a llover. Al llegar la hora de terminar estaba lloviendo excesivamente fuerte y nadie deseaba salir de la carpa. El pastor Haskell continuó su estudio bíblico por casi dos horas. La gente parecía encantada con la instrucción y con el método que usaba y pidieron que otros estudios fueran conducidos en la misma forma. Así, hasta donde sé, la obra de lectura bíblica que el pastor Haskell condujo y otros que entusiastamente se le unieron, comenzó. The Ministry, diciembre de 1948, p. 21.

El plan que el pastor Haskell inauguró se llamó: “Predicación informal laica”. El nombre “estudio bíblico” nació en un congreso en Lemoore, California. La idea se propagó como pólvora. En los Angeles en el Congreso de Upper Columbia, en San Francisco, en Healdsburg y en San José, el interés creció enormemente. La Asociación de California pasó la primera resolución formal recomendando el plan de estudios bíblicos. Se ofreció un curso de instrucción para laicos que deseaban servir en el campo dando estudios bíblicos, en Healdsburg. Entonces en Michigan e Indiana, en los Congresos celebrados allí, se adoptó el plan.

El 30 de octubre de 1883 comenzó, en Battle Creek, un instituto para enseñar a los adventistas a dar estudios bíblicos. Se reunió una clase de 300 personas bajo la dirección de S. N. Haskell. La asistencia fue aumentando hasta pasar los mil. A estas personas se les llamó “ayudas” ( 1Cor. 12:28). En 1884 se publicó la revista mensual Bible Reading Gazette. Los estudios Bíblicos no eran cortos, sencillos y agradables como son actualmente. ¡El primero tenía 149 preguntas!

Hoy el plan de estudios bíblicos es una de las formas más exitosas que tienen los Adventistas del Séptimo Día para ganar almas a la verdad.

Vea: The Bible Instructor in Personal and Public Evangelism de Louse C. Kleuser, págs. 350-351. Además “Origin of the Our Bible Work” en la revista Ministry, diciembre de 1948.

 

 

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Alonzo T. Jones

1850-1923

A la edad de 20 años, A.T. Jones inició un período de tres años de servicio en el ejército. Curiosamente, pasó la mayor parte de ese tiempo dedicado al estudio de la historia, las publicaciones adventistas y la Biblia. Al abandonar la milicia se bautizó, y comenzó a predicar en la costa este de Estados Unidos. En mayo de 1885 vino a ser el Redactor de la revista Signs of the Times, sumándosele posteriormente E.J. Waggoner.

En 1888, estos dos hombres conmovieron la sesión de la Asociación General que tuvo lugar en Minneapolis, con su predicación sobre la justificación por la fe. Durante varios años predicaron sobre ese tema de costa a costa. Ellen G. White los acompañó en numerosas ocasiones. Ella reconoció en las presentaciones de Jones “el precioso tema de la fe y la justicia de Cristo… un diluvio de luz” (EGW 1888 Materials, p. 291).
Jones formó parte de la Comisión de la Asociación General en 1897, y fue el Redactor jefe de Review & Herald desde 1897 hasta 1901.

En 1889, junto a J.O. Corliss, intervino exitosamente en el Congreso de los Estados Unidos, logrando que fuera derrotado un proyecto de ley dominical que tenía todos los pronunciamientos para ser aprobado. Eso lo consagró como prominente defensor de la libertad religiosa, sirviendo como redactor de la publicación que fue precursora de la prestigiosa revista Liberty.

Después de haber sido presidente de la Asociación Adventista de California (1901-1903), se dejó influenciar por J.H. Kellogg, en contra del consejo de E. White, acción que fue seguida por desafortunados errores y elecciones poco sabias. Finalmente perdió su empleo en la denominación, así como su membresía.

Jones continuó siendo un observador del sábado, y también continuó fiel a la mayoría del resto de las doctrinas de la iglesia. Fue especialmente prominente en su presentación de la doctrina de la justificación por le fe.

 

 

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John Norton Loughborough

1832-1924

Juan Norton Loughborough llegó a ser un adventista guardador del Sábado como resultado de las labores de J. N. Andrews. Comenzó a predicar inmediatamente y fue ordenado al ministerio en 1854. Llegó a ser el primer misionero (en California claro está) en el año de 1868. En 1878 fue enviado a Europa. Fue presidente de la Asociación de Illinois. Por seis años fue superintendente de los distritos de la Asociación General formados por Asociaciones. Fue el primer historiador de la denominación al escribir el libro The Rise and Progress of Seventh-Day Adventists el cual fue seguido por The Great Second Advent Movement. Fue, además, autor de libros más pequeños. Loughborough fue el primer hombre en recibir la ordenación en lo que más tarde se conocería como Iglesia Adventista del Séptimo Día. Esto sucedió cuando tenía 22 años de edad.

Al igual que la mayoría de los primeros dirigentes adventistas, John Loughborough tomó interés genuino en la obra de publicaciones. Un día él y Jaime White estaban discutiendo sobre maneras para hacer avanzar la obra del evangelio. Se sugirió que si ofrecían libros a la gente, en público, en conexión con los servicios de predicación, ésta estaría dispuesta a comprarlos y pagar por ellos una suma pequeña, preparando así el camino para producir más publicaciones. El joven y alerta predicador dijo: “Voy a probar”. Así, en una de las reuniones se exhibieron folletos desde el púlpito ofreciéndolos en venta. Al finalizar el sermón muchas personas se adelantaron y los compraron. En esa época se podía comprar una serie completa de toda la literatura adventista publicada, incluyendo folletos y un libro de tapas blancas, por 35 centavos. Hoy costaría centenares de dólares comprar una copia de toda la literatura adventista del séptimo día publicada en muchos idiomas.

Loughborough fue realmente un gran pionero, que prestó sus muchos talentos al desarrollo de la obra dondequiera que hubiera una necesidad.

En 1908, a la edad de setenta y seis años, comenzó un viaje alrededor del mundo, visitando los principales centros de la obra Adventista del Séptimo Día. Viajó treinta mil millas por agua y seis mil por tierra. Con esto terminó su servicio activo exceptuado algún viaje ocasional a un congreso o a una sesión de la Asociación General, o de tomar su pluma para escribir reminiscencias de días idos. Vivió con su hija, la Sra. J. J. Ireland, en Lodi, California. Cuando ella y su esposo fueron llamados a Washington, D. C., la salud del pastor Loughborough estaba decayendo y pasó sus últimos años en el Sanatorio St. Helena, donde dejó de existir apaciblemente el 7 de abril de 1924 a la edad de noventa y dos años. Su funeral se realizó en la iglesia de St. Helena que era una de las primeras que él levantó en California hacía más de cincuenta años atrás.

Vea: Pioneer Stories Retold, págs. 115-142; Footprints of the Pioneers, págs. 147-156.

Una Historia acerca de John N. Loughborough

Poco tiempo después de que Juan Loughborough llegara a ser Adventista del Séptimo día, recibió la impresión que debía ir a predicar el mensaje, pero vaciló hasta que pudiera ganar suficiente dinero para mantener a su esposa. Trató de hacer que tuviera éxito el negocio en el cual estaba comprometido, pero falló. Sus fondos eran insuficientes. Entonces fue a una reunión en Rochester. Durante esa reunión la hna. White tuvo una visión. Relatando esta visión, ella dijo: “El hno. Loughborough no está cumpliendo con su deber de predicar el mensaje tratando de obtener medios para su sostén. El Señor me ordenó que dijera: ‘Decida predicar el mensaje y el Señor abrirá el camino para el sostén de su familia’”. Divine Predictions Fulfield, págs. 25-27.

Después de la reunión, Juan Loughborough fue a su casa y oró. Le dijo al Señor: “Iré confiado en tí de que proveerás para mi sostenimiento”. Cuando hizo esta promesa sólo tenía tres centavos en su bolsillo y no sabía de dónde conseguiría más dinero. Pero se sentía feliz.

El lunes de mañana su esposa le dijo: “Juan, se terminaron los fósforos y necesito hilo”. El pastor Loughborough sacó los centavos de su bolsillo y le dijo: “María, esto es todo el dinero que tengo. Consigue fósforos con un centavo, y un carrete de hilo y tráeme un centavo de vuelta. No quiero quedarme completamente sin dinero”.

Su esposa se puso lívida. “¿Qué vamos a hacer?”, exclamó. Juan Loughborough le contestó: “Voy a ir a predicar dejaré que el Señor abra el camino para nosotros como prometió hacerlo en la visión el sábado pasado”.
María Loughborough se fue a su habitación a llorar. Lloró por una hora. Entonces salió para hacer sus compras. Apenas hacía unos minutos que había salido cuando un hombre extraño llamó a la puerta y pidió cerraduras de ventanas por valor de sesenta dólares. El hermano Loughborough tratando de vender cerraduras sin éxito. Ahora, desde que él prometió obedecer al Señor y llegar a ser un predicador, el Señor comenzó a trabajar por él”.
El hombre le dijo: “Vendré a buscar las cerraduras al mediodía y entonces las pagaré”. El hermano Loughborough sólo tenía que caminar unas dos cuadras hasta la fábrica donde hizo el pedido por las cerraduras. La venta se realizó como se había planeado y su ganancia fue más de treinta dólares. ¡Treinta dólares era mucho dinero allá por los años 1850!

Cuando María Loughborough volvió con sus compras, encontró a su esposo cantando. “Pareces estar muy feliz”, le dijo: “Sí, replicó él. Y le contó lo que había ocurrido. Entonces ella se fue a su habitación a llorar por otra hora, pero esta vez por una razón diferente”.

El pastor Loughborough fue obediente a la visión celestial. Llegó a ser un predicador de éxito. Dios lo usó de una manera poderosa para desarrollar los intereses de Su causa.

 

 

Preble

Thomas M. Preble

1810-1907

T. M. Preble era un ministro de Bautista de Libre albedrío del New Hampshire, y el predicador Millerista. Él aceptó el sábado en medio de 1844 (quizás de la Sra Rachel Oakes o alguien más en Washington, New Hampshire).
Él fue primer Adventista en abogar por el sábado en la predicacion. Su artículo en la Esperanza de Israel (un periódico Adventista de Portland, Maine) del 28 de febrero de 1845, fue reimprimido en la forma mas extensa en marzo bajo el título la Extensión, Mostrando Que el sabado Debería Ser Observado Como el Séptimo Día. Esto introdujo el sábado del séptimo día a Joseph Bates, que más tarde escribió su propio articulo sobre el sábado. Pero Preble observó el séptimo día sólo hasta en 1847. En años posteriores él escribió en contra del sábado en la Crisis mundial (un periodico cristiano sobre el advenimiento) y en su libro el sábado Del primer día.

 

 

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Rachel Oakes Preston

1809-1868

Un indicio del importante papel desempeñado por la Sra. Preston en los primeros años de la historia adventista puede obtenerse al examinar la inscripción en la lápida de su tumba: “Raquel Preston fue usada por Dios para traer la verdad del Sábado a la Iglesia Adventista en Washington, New Hampshire, la cual llegó a ser la primera iglesia adventista del séptimo día en Norteamérica.”

Raquel Preston era bautista del séptimo día cuando llegó a Washington. Su hija Raquel Delight Oakes, llegó a ser la esposa de Cyrus Farnsworth, quien con su hermano William fueron los primeros observadores del sábado entre los adventistas de Washington.

En 1837 Raquel Harris Oakes y su hija se unieron a la Iglesia Bautista del Séptimo Día en Vernon, Vermont. Evidentemente su esposo, Emory, murió allí aunque no hay registro alguno de ello. En 1843 Raquel Oakes y su hija, Delight, se mudaron a Washington, New Hampshire. Delight enseñaba en la escuela y su madre, que vivía con ella, llegó a ser un instrumento en las manos de Dios para traer la luz del Sábado a ese grupo de adventistas. Los adventistas, a su vez, compartieron con ella la bendecida esperanza del segundo advenimiento. En Washington conoció a Nathan T. Preston con quien se casó. Ellos vivieron allí y en Milford por muchos años, finalmente retornando a Vernon, Vermont, donde ella murió y fue sepultada.

Ver: Footprints of the Pioneers, pp. 29-39; Captains of the Host, pp. 107-109

Una Historia acerca de Rachel Oakes Preston

Volvamos a la pequeña iglesia en Washington, New Hampshire, la primera iglesia de adventistas observadores del sábado. Arthur Spalding les relatará una experiencia que condujo a un número de almas sinceras a comenzar a guardar el sábado.

“Se estaba celebrando el servicio de comunión en la Iglesia Cristiana de Washington, New Hampshire, cierto domingo en el invierno de 1844. El pastor que precedía la ceremonia era Frederick Wheeler, un pastor metodista y adventista de Hillsboro, cuyo recorrido incluía esta iglesia. Entre los participantes notó a una dama de edad mediana sentada en la banca de Daniel Farnsworth, la cual mantenía sus ojo fijos sobre él durante el servicio, y pareció casi ponerse de pie cuando él declaró: ‘Todos los que confiesan comunión con Cristo en un servicio como éste deberían estar listos a obedecer a Dios y guardar sus mandamientos en todas las cosas’. Él se preguntaba quién sería esta dama”.

‘Visitando a la familia más tarde, el ministro conoció a la Sra. Raquel Oakes, madre de la joven Raquel Delight Oakes, la maestra de la escuela. Tan directa en el habla como en la mirada, ella le dijo: ‘¿Recuerda usted pastor Wheeler, que usted dijo que todo el que confiesa a Cristo debería obedecer todos los mandamientos de Dios?’”
‘Sí.’
‘Estuve muy cerca de ponerme en pie en la reunión y decirle algo.’
‘Así lo pensé. ¿Qué tenía usted en mente decir?’
“‘Yo quería decirle a usted que sería mejor que retirase la mesa de la comunión y la cubriese con el mantel, hasta que usted comience a guardar los mandamientos de Dios’, le dijo Raquel Oakes”.
“El pastor Wheeler se sentó atónito. Él sintió, un tanto tibiamente, que estaba agradecido de que esta persona de acción directa hubiera tenido la gentileza cristiana de esperar hasta entrevistarlo en privado. ¿Que él no estaba guardando los mandamientos de Dios? ¿En qué estaba desobedeciendo? ¡Oh, sí! Él había oído de esta hermana bautista del séptimo día, quien había venido a vivir allí recientemente, y de sus decididos puntos de vista sobre la obligación de los cristianos de guardar el sábado en lugar del domingo. Era el cuarto mandamiento literal que ella ahora le estaba predicando”.
“Y fue un sermón efectivo. Frederick Wheeler se fue pensativo. Continuó pensando y estudiando, y no muchas semanas después, él guardó su primer sábado. Y predicó un sermón sobre ello ese mismo día”.– Captains of the Host, pp.107-108.

Y así es como los adventistas de Washington, New Hampshire oyeron por primera vez acerca del verdadero Sábado del Señor.

 

 

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Uriah Smith

1832-1903

Pocos Adventistas del Séptimo Día han conocido sus Biblias mejor que Urías Smith. Fue un hombre tranquilo, reservado, que impresionaba a la gente por su erudición y apariencia. Hombre de semblante noble, imponía respeto.
En diciembre de 1852, aceptó la luz del mensaje enseñado por los adventistas guardadores del sábado. El siguiente año se asoció con los intereses de publicaciones de la “Manada Pequeña” de creyentes en Rochester. Por cerca de medio siglo fue el editor o parte del personal editorial de la revista de la iglesia, Review & Herald. Urias Smith fue el primer secretario de la Asociación General, aceptando este cargo cuando la Asociación General fue organizada en la primavera del año de 1863.

Es mejor conocido por su libro, The Prophecies of Daniel and the Revelation, (Las Profecías de Daniel y Revelación) que ha tenido una circulación de muchos miles de copias. Fue el primer maestro de Biblia del colegio de Battle Creek.

Urías Smith nació en una casa de buen aspecto en el pueblecito de West Wilton, New Hampshire. Fue de carácter tan sólido como cualquiera de los hombres de Nueva Inglaterra, verdaderamente el estado de “Firme como el granito”. El lugar de nacimiento de Urías y su hermana Annie aún permanece en pie en este pueblecito de Nueva Inglaterra. Ahora se le llama la Casa del Aguilar y los turistas interesados pueden visitarla.

Poco tiempo antes de su muerte, el edificio principal de la Review & Herald se quemó. Fue una tragedia grave. El corazón y alma de Urías Smith estaba ligado a esa institución. Su vida entera había estado dedicada a su desarrollo.
Todavía viven algunas personas que recuerdan al Pastor Smith, caminando por las calles de Battle Creek con su bastón, cojeando con su pierna artificial, como resultado de haber sufrido una amputación cuando era aún un adolescente. Su genio inventivo le hizo crear una pierna artificial, la que usó la mayor parte de su vida. Era versátil e inteligente, como lo fueron la mayoría de los pioneros. Los primeros obreros eran personas de gran capacidad. Dios escogió lo mejor que pudo encontrar para hacer la obra más importante encomendada a los hombres en estos últimos días.

Ver: Footprints of the Pioneers, págs. 123, 129; Pioneer Stories Retold, págs. 178-181.

Una Historia acerca de Urias Smith

Cuando Urías tenía sólo catorce años de edad, una infección local contraída por una enfermedad, requirió la amputación de su pierna izquierda por encima de la rodilla. Su lucha valerosa contra el dolor y el impacto, formó en su estructura de arcilla las vigas de hierro que lo hicieron el hombre fuerte que fue.

Pensemos en lo que significaba perder una pierna en esos días. No había cirujanos de vestidura blanca, ni enfermeras para ministrar a los pacientes, ni anestesia misericordiosa, ni cuidado hospitalario competente. Un notable cirujano, cerca de Keene, Dr. Amos Twitchell, le amputó la pierna y la vendó en veinte minutos. Su madre le sostenía las manos. Luego ella y su cariñosa hermana, lo cuidaron.

Esta lesión en sus años jóvenes trajo en su vida futura limitaciones al pastor Smith. No estaba en condiciones de salir y trasladarse como los otros ministros. El sencillamente no podía. Entonces ¿qué hizo? ¿Dedicarse al desánimo? No. Esa lesión fue una bendición para él, porque desarrolló su genio inventivo. Por un tiempo usó la tosca pierna artificial que le habían provisto, con un pie macizo, pero que no le gustó. Se puso a trabajar e inventó un pie flexible, consiguió patentarlo y con el dinero que recibió de la venta compró su primera casa en Battle Creek.

W. A. Spicer nos da sus impresiones de Urías Smith: “Cuando era muchacho siempre pasé por el cuarto editorial del Pastor Smith en la vieja oficina de la Review and Herald, en Battle Creek, con cierta reverencia, porque había este letrero en la puerta, en tinta color púrpura oscuro y con grandes letras:

“Cuarto Editorial.
¿Ocupados? Si, siempre.
Si usted tiene negocios, atiéndalos, y déjenos atender los nuestros”.

Pioneer Days of the Advent Movement, págs. 245, 246.

Sí, Smith era un hombre que estaba en la marcha. Estaba ocupado con los negocios del Señor y quería que los demás se ocuparan de los suyos, pero era un hombre lleno de gracia y compasivo. Si no lo creen así lean los jóvenes el último capítulo de su libro, The Prophecies of Daniel and the Revelation. Les conmoverá. Está tan lleno de añoranzas por la tierra nueva, nuestro eterno hogar

 

 

Storrs

George Storrs

1796-1879

Nacido en el New Hampshire, Jorge Storrs fue convertido y se unió a la Iglesia a la edad de 19 años. Se sintió llamado para predicar, y unió el ministerio de Metodista en 1825 por la influencia de un ministro de Metodista piadoso. Él predicó mucho sobre la esclavitud, aunque es detenido en 1835 rezando para esclavos durante una reunión de sociedad de antiesclavitud. Fue puesto en libertad después de un juicio.

En 1837 estudió la Biblia sobre el estado de los muertos Sus conclusiones lo condujeron a dejar la iglesia Metodista. En 1842 publicó seis sermones que había dado sobre el asunto. El mismo año oyó el mensaje del advenimiento, y comenzó a predicar el pronto advenimiento de Cristo, se distribuyeron copias de su ” Seis Sermones ” como él los predicó.

Storrs publicó un periódico llamado “El Examinador de la Biblia ” desde 1843 hasta que él muriera, en 1879. No aceptó el mensaje del santuario que explicó el chasco de 1844, ni aceptó la verdad de sábado del séptimo día, pero siguió creyendo la Biblia y dando clases sobre el estado de los muertos.

 

 

EWaggoner

Dr. Ellet J. Waggoner

1855-1916

En 1884 E.J. Waggoner vino a ser el redactor asociado de Signs of the Times que dirigía su padre, J.H. Waggoner. Dos años después, junto a A.T. Jones, fue el redactor de esa revista. Waggoner continuó siéndolo hasta 1891.
En la Asamblea de la Asociación General de 1888 en Minneapolis, Minnesota, él y Jones presentaron sus famosas series de sermones sobre la justificación por la fe.

En 1892 fue el redactor de Present Truth, en Inglaterra, lugar en el que vivió hasta 1902. Allí dirigió, junto a W.W. Prescott, un seminario de formación de estudiantes, y durante un breve período fue presidente de la Asociación Adventista del Sur de Inglaterra.

Tras regresar a los Estados Unidos, fue empleado durante un breve período en Emmanuel Missionary College (actualmente Andrews).

Problemas familiares hicieron que se divorciara y contrajera segundas nupcias, lo que le supuso la pérdida del empleo en la denominación. Algunos usaron eso para desacreditar su positivo testimonio sobre la justificación por la fe, tal como E. White había advertido que pasaría si era vencido por las tentaciones del enemigo.

Al margen de lo que sucedió al hombre, E. White declaró de su mensaje: “Veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley, tal cual ha expuesto ante nosotros el doctor.” (MS 15, 1888). Escribió también: “Cuando el Señor encomendó a mis hermanos la responsabilidad de proclamar este mensaje, me sentí desbordantemente agradecida a Dios, pues sé que era el mensaje para este tiempo.” (MS. 24, 1888).

 

 

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Frederick Wheeler

1811-1910

Fue el primer ministro ordenado Adventista en predicar a favor del sábado del séptimo día. No sabemos mucho de su temprana vida o experiencia. Alrededor de 1840 era ya un ministro ordenado de la Iglesia Episcopal en los alrededores de Washington y Hillsboro en New Hampshire.

El incidente con Rachel Oakes Preston es muy conocido en la iglesia. En una reunión trimestral donde estaban celebrando la Santa Cena, Wheeler dijo que todos aquellos confesando la comunión con Cristo debían estar listos a seguirlo todo el camino, a obedecerlo y guardar sus mandamientos.

La Sra. Preston, que se encontraba allí, terminada la reunión, le recordó lo que había dicho: “Estuve a punto de levantarme en ese momento – dijo ella – y decirle que mejor dejara la mesa de la Santa Cena y la cubriera nuevamente con el mantel hasta que usted mismo estuviera primero dispuesto a guardar todos los mandamientos de Dios”. Wheeler más tarde dijo que esas palabras le golpearon más fuerte que ninguna otra palabra que se le hubiera dicho antes. De hecho, este episodio marcó un cambio en el rumbo de su experiencia, ya que comenzó a estudiar las evidencias del sábado en la Biblia hasta que se convenció de su obligación de guardar el sábado como el cuarto mandamiento ordenado por Dios.

Wheeler trabajó cerca de William Miller en la predicación de la verdad del regreso de Cristo en 1844.

La granja y la predicación eran su ocupación hasta 1851, cuando en ocasión de la primera visita de Jmes y Ellen White y J. N. Andrews, fue llamado a ir a otros lugares.

Murió en el Señor en 1910, en su año 100 de vida. La lápida en la tumba donde aguarda el día de la resurrección lee: “Un Ministro Pionero de los Adventistas del séptimo Día”.

 

 

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William Warren Prescott

1855-1944

W. Prescott era un educador y el administrador. Sus padres eran Milleristas en Nueva Inglaterra. Él se graduó del Colegio Dartmouth en 1877. Él trabajo en el principal de institutos en Vermón, y publicó y corrigió periódicos en Maine y Vermón antes de la aceptación de la presidencia de Colegio de Battle Creek College (1885 a 1894). Mientras todavía el presidente de Colegio de Battle Creek College él ayudó al Colegio de Unión y se hizo su primer presidente en 1891. Entonces a finales de 1892 asumió la presidencia del recién fundado Walla Walla College.

A causa de su reputación como un erudito Bíblico lo apelaron a hacer una gira mundial (1894-1895) para sostener institutos de Biblia y reforzar intereses educativos que se desarrollaban en ese momento. De regreso en América en 1901, se convirtió en vicepresidente de la Conferencia General, presidente de la Review & Herald Publishing Association, y redactor de la Review and Herald. Abandonó su trabajo como editor en 1909, fue editor de la Protestant Magazine durante siete años.

Fue secretario de campaña de la Conferencia General de 1915 hasta su retiro en 1937, sirviendo durante este tiempo en el Colegio de Misionero Australasiano (1922), y como el jefe del departamento de Biblia en el Colegio de Unión (1924-1928). Pasó el año 1930 visitando a las iglesias e instituciones en Europa. Al regresar escribió The Spade and the Bible, y luego se convirtió en jefe del departamento de Biblia de Emmanuel Missionary College, hasta 1934.