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El primer día de la semana ha sido, desde tiempos antiguos, un día en el cual los paganos adoraron al sol, de allí el nombre de Día del Sol (SunDay en Inglés). La adoración en domingo puede ser rastreada a través de la historia hasta la antigua Babilonia y Nimrod.

Como el primer día de la semana es observado casi universalmente por los cristianos hoy, en lugar del séptimo día bíblico, el asunto necesita ser investigado: ¿Por qué hubo un cambio, y sobre qué autoridad fue la santidad del reposo del cuarto mandamiento cambiada del sábado al domingo?

Es un hecho sabido y registrado en la historia que este cambio fue llevado a cabo por el emperador romano Constantino el Grande, en el “Edicto de Constantino” del 7 de marzo del año 321 d.C., donde se estableció:

“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo. Codex Justinianus, lib. 3, tít. 12, párr. 2 (3).
Para revisar el edicto completo, ver El Edicto de Constantino.

La Iglesia Católica Romana heredó en el tercer siglo de nuestra era este cambio secular llevado a cabo por el gobierno romano. Afirmando tener la autoridad para aprobar y mantener este cambio, la iglesia declara: “Por supuesto, la Iglesia Católica reclama que el cambio (de sábado a domingo) fue obra suya. Esto no pudo haber sido de otra manera, como nadie en estos días puede ni siquiera soñar con hacer alguna cosa en materia espiritual y religiosa sin ella, y su acción es una marca de su poder eclesiástico y autoridad en asuntos religiosos.” Carta de H.F. Thomas, canciller del Cardenal Gibbons.

Para un análisis del cambio aceptado y aprobado por la iglesia Católica Romana, ver Declaraciones de Teólogos y Líderes Católicos y Protestantes Acerca de la Santidad del Sábado. Ver también “Dies Dominis”.

Hay diversas razones que se aluden para la observancia del primer día de la semana, en lugar del reposo de la Biblia, las cuales examinaremos a continuación.

 

1º Argumento

“La redención es más grande que la creación; por lo tanto, debemos guardar el día de la resurrección de Cristo en lugar del antiguo Reposo del Señor.”

Esto no está fundamentado en la Palabra de Dios. Dios nunca requirió del hombre que guardara algún día como conmemoración de la redención. Pero El sí ordenó guardar como santo el reposo del séptimo día, como una conmemoración de la creación, así reconoceríamos a Dios como Creador.

No obstante, si fuera un deber observar un día de la semana por esta razón, ciertamente la gran mayoría presentaría la crucifixión con poderosa aclamación. No es sabido que obtenemos la redención a través de la resurrección de Cristo, pero sí es sabido que obtenemos la redención a través del derramamiento de su sangre (vea Apocalipsis 5:9; Efesios 1:7; Colosenses 1:14; Hebreos 9:12,15). El acto maravilloso de Jehová de dar a su Amado y Unigénito Hijo para morir por una raza de rebeldes fue un espectáculo del inigualable amor sobre el cual el universo podrá contemplar maravillado durante toda la eternidad. ¡Quién puede maravillarse con que el sol fue cubierto con tinieblas y que toda la naturaleza temblaba ante sus ojos! El viernes, el día de la crucifixión, por lo tanto, tendría que ser más exaltado que el día de la resurrección; pero Dios no ha exigido la observancia de ninguno de los dos.

Si debiéramos conmemorar la redención, no habría necesidad de quitar al día de descanso del Señor su santidad a fin de hacerlo. Porque Dios ha provisto para nosotros una conmemoración para este evento, (vea 1 de Corintios 11:23-26).

 

2º Argumento

“Los discípulos se reunieron en el día de la resurrección de nuestro Señor para conmemorar aquel evento, y el Salvador sancionó esta reunión al unirse con ellos.” (Vea Juan 20:19).
Aunque es verdad que se hayan reunido, esto de ninguna manera es indicativo de que la santidad del sábado haya sido traspasada al domingo. Por varios días los discípulos no creyeron que su Señor había sido resucitado de los muertos, pero estaban reunidos con el propósito de comer una comida común y apartarse a sí mismos de los Judíos (vea Marcos 16:12-14; Juan 20:19). Así que los discípulos no estuvieron conmemorando la resurrección del Salvador, y es igualmente evidente que ellos no tenían la más pequeña idea de un cambio del Reposo. Ellos guardaban el Reposo del sábado de acuerdo al mandamiento, y reasumían su labor en el primer día de la semana (vea Lucas 23:55-56, 24:1).

 

3º Argumento

“Después de ocho días, Jesús se reunió con sus discípulos otra vez (vea Juan 20:26). Esto debe haber sido el primer día de la semana, que es de tal modo provisto para ser el Reposo cristiano.”
¿Quién puede estar en lo cierto de que “después de ocho días”, significa justamente una semana? Una construcción literal del lenguaje puede llevarlo a uno a concluir que esto ocurrió en el noveno día, es decir “después de ocho días”.

Pero aun cuando “después de ocho días” signifique sólo una semana literal, ¿cómo prueba esto que el Domingo ha venido a ser el “Reposo cristiano” cuando no hay una partícula de evidencia que asegure que Cristo o sus apóstoles descansaron alguna vez en aquel día? No hay ninguna indicación de un cambio en el descanso cristiano establecido en la Biblia. El único Reposo semanal nombrado en la Biblia es el llamado el Reposo del Señor – el séptimo día.

No es para nada significativo que Cristo pudiera encontrar a sus discípulos juntos, puesto que ellos tenían una residencia común (vea Hechos 1:13) y adicionalmente acostumbraban estar siempre juntos buscando al Señor en oración y predicando el evangelio.

 

4º Argumento

“El Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en el día de Pentecostés, que era el primer día de la semana. Por lo tanto el primer día de la semana debe ser observado en lugar del Sábado del Señor (vea Hechos 2:1,2).”

Es cierto que el día de Pentecostés ocurrió en el primer día de la semana, pero esto de ninguna manera indica ningún cambio en la ley de Dios en lo absoluto. Grandes eventos en la historia de la iglesia apostólica ocurrieron en los días más variados de la semana, pero esto no quiere decir que estos días por ellos hayan sido convertidos en días santos y mucho menos que hayan reemplazado a la santidad del cuarto mandamiento.

El día de Pentecostés es definitivamente nombrado, pero el día de la semana en que este ocurrió es dejado en el silencio. No era el propósito del cielo honrar el primer día de la semana, sino señalar el anti-tipo de la fiesta de Pentecostés.

La muerte del Cordero pascual en el decimocuarto día del primer mes había encontrado su anti-tipo en la muerte del Cordero de Dios en aquel día (vea Exodo 12; Juan 19; 1º de Corintios 5:7). La ofrenda de los primeros frutos en el día decimosexto del primer mes había encontrado su anti-tipo en la resurrección de nuestro Señor en aquel día, los primeros frutos de aquellos que durmieron (vea Levíticos 23; 1 Corintios 15:20-23; Hechos 1:1,2). Y el derramamiento del Espíritu Santo en el Pentecostés cumplió el tipo de la fiesta de Pentecostés. Lo importante no fue el día en que estos eventos ocurrieron, sino que estas antiguas ceremonias simbólicas y servicios estaban encontrando su cumplimiento en el tipo.
Dios no dijo nada en este lugar respecto al día en que estos eventos ocurrieron, y de esta manera no existe prueba para un cambio en el tiempo del Reposo de Dios. “No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.” Proverbios 30:6.

 

5º Argumento

“Pablo una vez partió el pan en el primer día de la semana. Por lo tanto este día era observado como el Reposo cristiano (vea Hechos 20:7).”

Hubo un periodo en que la iglesia Apostólica en Jerusalén partía el pan cada día (vea Hechos 2:42-46). Si una única oportunidad de partir el pan en Troas en el primer día de la semana constituye el Reposo ¿no puede la continua práctica de la iglesia Apostólica en Jerusalén de partir el pan en otros días, ser suficiente para hacer de estos días también un Reposo?
Otra vez, el hecho de que algo como partir el pan haya sido rgistrado como hecho un primer día de la semana, esto en lo absoluto lo convierte en un día santo.

 

6º Argumento

“Pablo ordenó a la Iglesia en Corinto recoger una ofrenda pública en el primer día de la semana; por lo tanto, este debe haber sido un día de adoración pública y es consecuentemente el Reposo cristiano (vea 1 Corintios 16:2).”

Pablo, desde luego, no dijo: “Coloquen sus limosnas en el tesoro de la iglesia en el primer día de la semana;” sino que dijo: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo.”
El apóstol simplemente le dijo a cada uno de los hermanos Corintios que guardara en la casa alguna porción de sus ganancias semanales en el primer día o al comienzo de la semana antes de que ellos tuvieran la oportunidad de gastarlo todo. La siguiente advertencia de Pablo era que deberían colocar a Dios y su causa en primer lugar en sus asuntos financieros, en lugar de hacerlo al fin de la semana después de que todo su dinero se hubiese agotado.
Toda la pregunta revoluciona sobre el significado de la expresión, “por el”. Dos versiones Latinas, la Vulgata y aquella del Castellano hacen la frase, “apud se,” – “con uno mismo, en casa.” Una similar traducción es dada en otras numerosas traducciones.
El texto, por lo tanto, no prueba que la iglesia de los Corintios estaba congregada para adoración pública en Domingo; sino que, al contrario, esto prueba que cada uno debía estar en su propia casa donde él pudiera examinar sus asuntos seculares y apartar por sí mismo en depósito, al comienzo de cada semana como Dios lo hubiera prosperado. Si cada uno hacía esto, entonces cuando viniera el apóstol, su generosidad estaría lista y cada uno sería capaz de presentarle lo que hubiera recolectado.

 

7º Argumento

“Juan estaba en el Espíritu en el día del Señor, con lo cual está declarando que es el primer día de la semana (vea Apocalipsis 1:10).”

Este texto, efectivamente demuestra que hay un día que el Señor reclama como suyo, pero no existe un texto en la Biblia que testifique que el primer día de la semana es el día del Señor. Por el contrario, este texto confirma que Juan está obviamente hablando del sábado. Cristo, discutiendo comn los fariseos acerca de la correcta observancia del sábado, en Mateo 12:8 dice: El Hijo del Hombre es Señor del día de Reposo. El sábado es indiscutiblemente el Día del Señor.

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Conclusión

Cuando todos los razonamientos, las teorías y las excusas para guardar como santo el domingo en lugar del reposo del sábado de la Biblia son completamente examinados, encontramos que no existe ninguna declaración de parte de nuestro Señor Jesucristo, ni de parte de la virgen María, ni de parte de sus discípulos, que de indicación alguna de que la santidad del sábado fué transferida al domingo.

Ante este desafío a la clara teología de la Biblia, la historia y la lógica, es necesario seguir el consejo del apóstol San Pedro:
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” Hechos 5:29.

 

Añade el sabio rey Salomón:

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo el hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” Eclesiastés 12:13,14.

Y el apóstol San Juan termina el libro del Apocalípsis y la Biblia con esta solemne advertencia:

“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si lguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” – Apocalipsis 22:18, 19

 

Y por útimo, las palabras del Señor Jesús nos amonestan:

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” – S. Mateo 15:8, 9

 

 

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