La Adoración al Sol
en el Tercer Milenio

El sacerdote se colocó detrás de los niños drogados. El aire frío de la montaña les azotó el rostro. Alzando sus manos hacia INTI, el dios sol, ofreció la ofrenda de su pueblo para que el dios conteste sus peticiones: eran tres niños de entre 9 y 12 años de edad, que estaban puestos de cuclillas, envueltos en mantas y rodeados de elementos rituales. La droga que aturdía su cerebro no les permitió reaccionar cuando el mazo del sacerdote fue matándolos con golpes certeros en la cabeza. Así los encontró – casi 400 años después – un grupo de arqueólogos sobre una de las montañas más altas de Salta, Argentina. Momificados por el frío, se conservaron, como testigos de la barbarie que representaba aquel culto de adoración al dios sol.

Eso ocurrió en el imperio Inca, ya que su emperador “El Inca” se consideraba hijo del sol. Podemos ver repetidas esas escenas en Egipto, donde el faraón era considerado descendiente directo de Ra, el dios sol. Este culto se practicó durante el imperio Babilónico y en los reinos que sucedieron hasta llegar al imperio Romano, el cual en su riqueza y promiscuidad fue adoptando los dioses de los países que iba conquistando. Cuando el cristianismo se difundió dentro de sus fronteras, fue duramente perseguido durante los primeros siglos por diversos Emperadores.

Esa persecución hizo que muchos anhelaran la paz, sin importar las concesiones ni la introducción de falsos credos en la fe cristiana.

 

Un Cambio Por Conveniencia Política

El emperador Constantino (280 – 337 d.C.), notó que el poder político de Roma estaba debilitándose, por la división existente entre los paganos adoradores del sol y los cristianos y se propuso unir estas dos grandes corrientes ideológicas. Dictó el Edicto de Tolerancia de Milán en el año 313 D. C. dando completa libertad a los cristianos. Esto hizo que estos admirasen al emperador.
Constantino trató de hacer una amalgama de credos y “convirtió” al cristianismo los dioses paganos, dándoles nombres cristianos. Ese sincretismo fue llegando a todos los rincones, donde vemos a algunos cristianos celebrando el carnaval, cuando es una festividad pagana en honor al dios Momo. Podemos ver a cristianos en la fiesta de los muertos, de los cultos animistas y en todas las culturas fue introduciendo en su liturgia, algo de los credos y dioses paganos.
El cardenal John Henry Newman, en su libro, “El desarrollo de la doctrina cristiana”, declara: “Eusebio nos dice en diferentes maneras que Constantino, a fin de recomendar la nueva religión a los paganos, transfirió a ella los ornamentos exteriores a los cuales ellos estaban acostumbrados en la suya… El uso de templos, los dedicados a santos particulares, los ornamentos, en ocasiones hechos con ramas de árboles; el incienso, las lámparas y velas; las ofrendas votivas para el restablecimiento de enfermedades; el agua bendita, los asilos, las fiestas y estaciones; el uso de calendarios, las procesiones, las bendiciones de los campos; las vestiduras sacerdotales, la tonsura, el anillo de casamiento, el volverse hacia el este, más tarde las imágenes, hasta tal vez el canto eclesiástico y el Kyrie Eleison, son de origen pagano y santificados por haber sido adoptados en la iglesia”. (The Development of Christian Doctrine, pág. 373).

Para más detalles acerca del edicto de Constantino, por favor visite esta página.

 

El Culto Al Sol Enmascarado

Los paganos adoraban diversos dioses, siendo uno de los principales, “Mitra” el dios del sol. El día dedicado a ese dios era el domingo. Hasta hoy, domingo en inglés es “Sunday” y en alemán “Sontag” ambos en su traducción significan “día del sol”. Para cumplir con su plan político Constantino se hizo aparentemente cristiano e instituyó el domingo, el día del sol, como día de reposo, en lugar del sábado que guardaban los cristianos fieles, para dar así un consuelo a los viejos adoradores del sol. Muchedumbres se hicieron cristianos trayendo infinidad de costumbres paganas e introduciéndolas al cristianismo.
Lamentablemente, la mayoría del cristianismo adoptó el domingo, y a pesar de la Reforma que se produjo con Lutero, Calvino y los demás reformadores en el siglo XVI, el descanso dominical fue mantenido en vigencia a pesar de no existir un solo texto de la Biblia que indique un cambio del día de reposo. Aún cuando el poder de la Iglesia Católica iba decreciendo, el domingo como día de descanso fue mantenido.
Con la introducción del consumismo en la última parte del siglo XX, los trabajadores deben trabajar en horarios corridos y en todos los días, por eso el Papa Juan Pablo II escribió una encíclica en la cual el domingo es nuevamente empujado como el día de la familia. Esfuerzos denodados se están haciendo para que esto vuelva a implantarse, ya que hay países en los cuales ya es obligatorio por la legislación el cese de actividades en el día domingo.

 

El Verdadero Día Santo de Dios

El domingo fue instituido como día de descanso por el hombre, no por Dios.

El verdadero día de reposo dado por Dios en la Biblia, es el sábado, instituido en la misma semana de la creación, donde él mismo inventó el siclo semanal de siete días, y donde su último día, el séptimo – el sábado -, fue separado aparte con su bendición y declarado “santo” (Génesis 2: 1-3) a fin de ser ocupado como el día especial para adorar a Dios.
Posteriormente, 2,500 años más tarde, Dios ratificó la solemnidad y santidad del sábado, al darlo como el cuarto de los diez mandamientos, escritos directamente con su dedo. Por cierto, la escritura de los diez mandamientos es la única parte de toda la Biblia escrita totalmente por la mano de Dios, no por inspiración dada a los hombres. La Ley de Dios no fue escrita por humanos, sino por Dios mismo.
Cientos de pasajes en toda la Biblia confirman la santidad del sábado, y es por eso que Jesús mismo, el Hijo unigénito de Dios, lo guardó y honró toda su vida, al igual que la virgen María y todos los apóstoles después de Cristo (ver el estudio exhaustivo del sábado en la Biblia).
Tal es la santidad y solemnidad del sábado, que lo seguiremos guardando por la eternidad como el día especial separado para adorar a Dios como nuestro Creador (Isaías 66: 22, 23).
Sabiendo que el sábado sería pisoteado por Satanás y la mayor parte de la humanidad, Dios lo estableció como la única señal de lealtad de parte de sus hijos (Exodo 31:13 y 900 años más tarde en Ezequiel 20: 12, 20). Aquellos que guardaran el sábado fielmente de acuerdo con el cuarto mandamiento, llevarían la señal de Dios.
Muestra a Dios tu lealtad y amor (Juan 14:15) dedicando el sábado a Jesús. Toma tu decisión ahora. Dile en oración: “Gracias Señor por haber conocido tu santa ley, perdóname si por ignorancia no he guardado tu santo día como tú lo quieres. Te acepto como mi Salvador y Señor. Te ruego que me ayudes a obedecerte, por amor, todos los días de mi vida. Gracias porque me amas y por haberme enseñado esta gran verdad acerca de tu día santo. En el nombre de Jesús. Amén”.

 

 

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